¡ya está meando la vaca!

| No Comments | No TrackBacks

 

 

¡YA ESTÁ MEANDO LA VACA!

 

Lunes. Siete de la mañana. Se miró en el espejo del baño: cuatro pelos en la calavera, cuatro dientes amarillentos en la boca, el cuerpo como una bota de vino, las patas de araña, los músculos fofos, los huesos reumáticos.

"¡Qué mala es la vejez!" Pensó componiendo un gesto de angustiosa resignación.

Recordó un domingo cuando fue a ver a su madre a la residencia, poco antes de que, a su pesar, la trasladaran al cementerio. Había una vieja con alzheimer que leía en un rincón gruesos libros que enseguida olvidaba, pero mientras los leía se estaba evadiendo de los estragos de la vejez, la vejez con su caterva de miserias, enfermedades y podredumbres.

Tras asearse se dirigió a la cocina. En el pasillo se cruzó con ella. Apenas se miraron. Después de cuarenta años casados ya se tenían muy vistos. Al principio no era así. Él nunca se cansaba de mirarla.

Recordó una tarde en el Parque del Oeste. La lluvia golpeaba el techo del coche con una cadencia íntima. Ella estaba preciosa. Se había puesto un poco de colorete en las mejillas y se había pintado los ojos. Aquellos ojos grandes que ardían con el fuego sagrado de la juventud. Sintió miedo: ¡era tan hermosa!

-         ¡Di algo, Matu!- Exclamó ella zarandeándolo cariñosamente.

-         Qué quieres que diga, habla tú- Contestó él taciturno.

Cuando entraron en Casa Mingo un viejo se puso a mirarla con descaro.

-         ¡Qué ostias estás mirando tú!- Le increpó Matute sin poder aguantarse ya más.

-         Miro a una belleza ,- respondió el viejo con voz sosegada- tiene usted una mujer muy bonita, enhorabuena hombre-

Ante aquella respuesta no supo cómo reaccionar. Se atusó el bigote que se había dejado en la mili y se puso colorado. Ella, con su minifalda y su pelo largo, parecía sonreír.

En la cocina olía a café. Encima de la mesa tenía preparada su taza con sus magdalenas al lado. El reloj golpeaba los segundos como el martillo de un juez. Pensó en sus hijas, en el primer nieto que estaban esperando de la pequeña. La vida le pareció una cosa extraña, tenía un regusto agradable y a la vez asaz amargo, como bayas venenosas.

Junto a la puerta, en un rincón, estaba su maletín de representante de puzzles de arte. Puzzles de quinientas piezas, de mil, de dos mil. Todos difíciles, con colores premeditadamente equívocos, un poco como la vida. Las meninas, el beso, el jardín de las delicias, los girasoles, y ese cuadro con el que sin saber porqué, y sin gustarle en realidad nada, tanto se identificaba: el grito.

De repente, en medio del silencio, la oyó mear. El chorro cayó sobre el agua de la taza con fuerza y precisión, como el agua de la lluvia que se precipita por una canaleta tras una tormenta de verano.

"¡Ya está meando la vaca!" Pensó con un mohín de asco.

¡Había pasado tanto tiempo, tanto placer, tanto sufrimiento, tanto desengaño, desde aquella tarde de sábado cuando llovía sobre el capó del seat coupé en el Parque del Oeste!  

Sin posibilidad de remisión, se sintió atrapado por el tiempo, como una liebre en las fauces de un galgo tras una larga e inútil carrera contra el destino.

¡En fin!, habría que haber visto a Romeo y Julieta después de cuarenta años de matrimonio.

Con un tintineo de soledad removió el descafeinado humeante. Ella, por su parte, tiró de la cadena.

 

 

No TrackBacks

TrackBack URL: http://calipsopapeleria.zonalibre.org/cgi-bin/mt-tb.cgi/20269

Leave a comment

About this Entry

This page contains a single entry by calipsopapeleria published on June 14, 2010 6:46 PM.

¿A dónde vas? was the previous entry in this blog.

a media mañana is the next entry in this blog.

Find recent content on the main index or look in the archives to find all content.